Reloj de arena – Capítulo VII
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VII

- ¡¿Cómo que no hay crimen?! –Gritó el inspector-.

Por mucho que Timur intentase explicárselo, él no era capaz de asimilar lo que estaba oyendo.

- Nos hemos vuelto locos. –Susurró cansado y decepcionado-.

- La mujer retiró la denuncia. Dice que su hijo se fue a su casa.

- ¡¿Sangrando?! –Volvió a alterarse-.

- En realidad, no sabemos si la sangre era suya, o si…

- Ni lo sabremos. –Se echó las manos a la cabeza-. ¿A quién se le ocurre interrumpir una investigación de ese modo?

- Ha sido el jefe de policía. Estoy seguro de haberlo mencionado cuando…

- No me refiero a la persona. –Exasperó-. ¡Sino al idiota! Ya sé quién fue… pero aún no me lo puedo creer.

Timur decidió no abrir más la boca, porque cada vez que decía algo, el inspector se alteraba aún más.

- Lo siento. Es que no soy capaz de entenderlo. Sé que no es culpa tuya; anda… llévame a ver a esa mujer, pos si averiguo porqué se ha retractado.

- Así me gusta, ehhh, quiero decir ¡sí señor!

*

Enseguida esquivaron el denso tráfico de la ciudad y se situaron a unos quince kilómetros en las afueras. La casa de la mujer no estaba demasiado lejos, aunque el barrio donde vivía, no era uno de los más favorecidos. La brisa matutina se colaba en el coche por las desgastadas juntas de goma, enfriando las manos, las caras, las orejas, y los pensamientos de Kasim y Timur. Las imágenes de día anterior, desgarradoras y grotescas, no se disipaban de sus mentes, y la necesidad de conocer la verdad, les reconcomía por dentro.

- ¿Crees que querrá vernos? –Preguntó Timur-.

- Le guste, o no… tendrá que contestar a unas pocas preguntas.

- Pero la investigación está cerrada.

- Cierto, aunque eso no creo que ella lo sepa.

Subieron las escaleras del portal de la casa de la mujer, vieron como las ventanas de los vecinos se cerraban a su paso, notaron las miradas de los pocos que se encontraban cerca de ahí, y golpearon la puerta.

Toc, toc, toc.

Nadie contestó.

- Dale otra vez. –Dijo el inspector a Timur-.

Toc, toc, toc.

- Nada.

- Pues dale con más fuerza.

Toc, toc toc.

- ¡Somos de la policía! –Gritó Timur-.

La puerta de la casa de al lado se abrió tímidamente.

- No están en casa. –Se oyó una retraída voz-.

- ¿Y dónde se han ido? –Preguntó el inspector-.

Ante la pregunta de más detalles, quien informó a los dos policías se arrepintió de haber entablado conversación con ellos y se dispuso a cerrar la puerta, pero el inspector ya se había acercado demasiado. Con un rápido movimiento, introdujo su pie izquierdo entre la puerta y el marco, e impidió que se cerrase.

- Dígame a dónde se ha ido y nos marcharemos. –Dijo aguantando el dolor que le propinó el portazo-.

- Al funeral.

- ¿Y dónde…?

- En las chimeneas…

Y al decir eso, con un bastón de madera pesada y sin protector de caucho en su extremo, golpeó el pie del inspector y cerró la puerta con fuerza.

- ¡Será posible! ¡No hacía falta lisiarme! –Se quejó el inspector-. ¿Y qué significa lo de las chimeneas?

Toc, toc, toc…

Los porrazos en la puerta no persuadieron a su acuartelado ocupante; sólo un solemne “márchense” se escuchó desde el fondo y el programa de la televisión se ocupó de camuflar el resto de su existencia.

- No se cabree más inspector. –Dijo Timur-. Yo sé dónde están las chimeneas.

- ¿De veras?

- Quien vive aquí, se refiere a un lugar en concreto.

- ¿Y qué lugar es ese? –Preguntó Kasim-.

- Pronto lo entenderá inspector.

alexandercopperwhite

Acerca de alexandercopperwhite

Nací el 6 de Marzo de 1980 en Alcalá de Henares, Madrid. De padre griego y madre española, cuando cumplí los cuatro años nos mudamos a una isla llamada Corfú, en el noroeste de Grecia, donde me quedé hasta los diecinueve años. Durante esos años viajé a Alemania, Portugal, Reino Unido, Francia, Italia y Austria donde, en este último, me quedé seis meses, estudiando el idioma y trabajando. Más tarde, también viajé a Brasil, Marruecos, Hungría, Irlanda, Holanda, Bélgica y Luxemburgo. A los veintiún años me instalé en Las Torres de Cotillas de la región de Murcia, España, donde actualmente vivo. Mi pasión por la escritura, despertó el día que regresé a mi tierra materna. Considero que mi mayor logro es mi familia (aunque suene a tópico) y espero que paulatinamente consiga entrar en casa de todos gracias a mis relatos.
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