Recuerdos de un Edén muerto – Capítulo XIX
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XIX

Cuando faltaba poco por llegar al suceso, la bola se detuvo; las luces remitieron y un sonido, como el de antes, surgió de sus entrañas. Me están avisando de que algo va a pasar. –Pensó Alfredo-. Quiso mirar a su alrededor, deseó poder correr y alejarse de ahí, pero era inútil.

La bola mostró su verdadero aspecto; placas rectangulares de metal solido se deslizaban libremente por su superficie, cambiando de sitio, recolocándose, moviéndose, y finalmente acabando en el mismo lugar; o al menos eso parecía. Los cambios se contaban a centenares, o puede que millares; de entre todo ese movimiento se podían distinguir diversas formas, como águilas deformes, monos serpenteados, o arañas descomunales. Los enormes dibujos de Nazca. –Susurró Alfredo-. ¡Son de origen alienígenas! –Exclamó entusiasmado-.

La base temblaba aún más. Daba la impresión de que los seres de esa nave querían arrancar el arca del suelo para llevársela. Es suya. –Dijo Alfredo-. Han venido a por ella.

- No te quedes ahí pasmado y sal corriendo. –Dijo Marián cabreada por radio-.

El arca se sacudía con fuerza, la tierra se levantaba, el agua de las invisibles paredes se agitaba con furia, y Alfredo permanecía parado… inmóvil.

- Si voy a morir no pienso perderme el espectáculo. –Contestó-.

- No te rindas. –Insistió Marián-.

- No me he rendido ¿pero qué puedo hacer?

- Tú eres el físico ¡piensa!

Ggggrrrrrrrrrrrrrrreeeeeeeeeeeeeeeeeeekkkkkkkkkkkkk.

Otro sonido idéntico a los de antes salió de la nave.

- Me da la impresión de que se trata del último aviso. –Afirmó Alfredo-.

A su alrededor todo parecía permanecer suspendido en el aire. Incluso él sentía como sus pies despegaban del suelo. Los alienígenas habían venido a por su arca, y muy pronto la tendrían. Los militares quisieron poner en marcha su maquinaria de guerra, pero nada funcionaba, los científicos observaban, registraban, y catalogaban los acontecimientos según un orden conciso, o como les daba la gana; el resto de personal miraba boquiabierto, y Marián temblaba al ver como el hombre que amaba estaba a punto se ser despedazado por una nave de otro mundo. De locos. –Pensó Marián-.

- ¡Ya lo tengo! –Exclamó Alfredo-. Dile al friki que enchufe al DEDALOS cuando yo se lo diga.

- Ahora mismo. –Contestó suspirando-.

Alfredo agarró el aparato e intentó acercarse al suelo todo lo que le resultaba posible. Entonces, dobló las rodillas y se impulsó con fuerza lejos del arca que se desenterraba lentamente. Se iba acercando a la línea invisible que separaba el suceso del otro mundo… su mundo. La falta de gravedad cumplió con su función, las piernas de Alfredo temblaban, y con voz trémula y ahogada, gritó al friki.

- Arranca este trasto ¡yaaaaaaaaa!

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Acerca de alexandercopperwhite

Nací el 6 de Marzo de 1980 en Alcalá de Henares, Madrid. De padre griego y madre española, cuando cumplí los cuatro años nos mudamos a una isla llamada Corfú, en el noroeste de Grecia, donde me quedé hasta los diecinueve años. Durante esos años viajé a Alemania, Portugal, Reino Unido, Francia, Italia y Austria donde, en este último, me quedé seis meses, estudiando el idioma y trabajando. Más tarde, también viajé a Brasil, Marruecos, Hungría, Irlanda, Holanda, Bélgica y Luxemburgo. A los veintiún años me instalé en Las Torres de Cotillas de la región de Murcia, España, donde actualmente vivo. Mi pasión por la escritura, despertó el día que regresé a mi tierra materna. Considero que mi mayor logro es mi familia (aunque suene a tópico) y espero que paulatinamente consiga entrar en casa de todos gracias a mis relatos.
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