Cuando faltaba poco por llegar al suceso, la bola se detuvo; las luces remitieron y un sonido, como el de antes, surgió de sus entrañas. Me están avisando de que algo va a pasar. –Pensó Alfredo-. Quiso mirar a su alrededor, deseó poder correr y alejarse de ahí, pero era inútil.
La bola mostró su verdadero aspecto; placas rectangulares de metal solido se deslizaban libremente por su superficie, cambiando de sitio, recolocándose, moviéndose, y finalmente acabando en el mismo lugar; o al menos eso parecía. Los cambios se contaban a centenares, o puede que millares; de entre todo ese movimiento se podían distinguir diversas formas, como águilas deformes, monos serpenteados, o arañas descomunales. Los enormes dibujos de Nazca. –Susurró Alfredo-. ¡Son de origen alienígenas! –Exclamó entusiasmado-.
La base temblaba aún más. Daba la impresión de que los seres de esa nave querían arrancar el arca del suelo para llevársela. Es suya. –Dijo Alfredo-. Han venido a por ella.
- No te quedes ahí pasmado y sal corriendo. –Dijo Marián cabreada por radio-.
El arca se sacudía con fuerza, la tierra se levantaba, el agua de las invisibles paredes se agitaba con furia, y Alfredo permanecía parado… inmóvil.
- Si voy a morir no pienso perderme el espectáculo. –Contestó-.
- No te rindas. –Insistió Marián-.
- No me he rendido ¿pero qué puedo hacer?
- Tú eres el físico ¡piensa!
Ggggrrrrrrrrrrrrrrreeeeeeeeeeeeeeeeeeekkkkkkkkkkkkk.
Otro sonido idéntico a los de antes salió de la nave.
- Me da la impresión de que se trata del último aviso. –Afirmó Alfredo-.
A su alrededor todo parecía permanecer suspendido en el aire. Incluso él sentía como sus pies despegaban del suelo. Los alienígenas habían venido a por su arca, y muy pronto la tendrían. Los militares quisieron poner en marcha su maquinaria de guerra, pero nada funcionaba, los científicos observaban, registraban, y catalogaban los acontecimientos según un orden conciso, o como les daba la gana; el resto de personal miraba boquiabierto, y Marián temblaba al ver como el hombre que amaba estaba a punto se ser despedazado por una nave de otro mundo. De locos. –Pensó Marián-.
- ¡Ya lo tengo! –Exclamó Alfredo-. Dile al friki que enchufe al DEDALOS cuando yo se lo diga.
- Ahora mismo. –Contestó suspirando-.
Alfredo agarró el aparato e intentó acercarse al suelo todo lo que le resultaba posible. Entonces, dobló las rodillas y se impulsó con fuerza lejos del arca que se desenterraba lentamente. Se iba acercando a la línea invisible que separaba el suceso del otro mundo… su mundo. La falta de gravedad cumplió con su función, las piernas de Alfredo temblaban, y con voz trémula y ahogada, gritó al friki.
- Arranca este trasto ¡yaaaaaaaaa!




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