Recuerdos de un Edén muerto – Capítulo XI
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XI

De vuelta al campamento…

- No me has dirigido la palabra en todo el camino. –Dijo Marián-.

- Podías haber mencionado que se trataba de un científico y no de un charlatán. Me hubiera comportado de otra forma.

- ¿Más aduladora?

- Más apropiada.

- La finalidad de este ejercicio era la de abrirte la mente y enseñarte que incluso lo que parece absurdo puede albergar algo de realidad.

Alfredo agachó la cabeza.

- Y por lo visto funcionó. –Añadió Marián-.

- Bien, lo entiendo. ¿Ahora qué hacemos?

- Vayámonos a descansar y mañana estudiaremos las distintas perspectivas.

- Me parece una idea estupenda. –Afirmó Alfredo y se fue a su tienda, pero no antes de besar a Marián en la mejilla-.

*

- Mirad este juguete. –Dijo Sergio-. Ya no hará falta jugarnos la vida en los helicópteros.

Sergio se ocupaba de todos los asuntos técnicos y estudiaba las fuerzas geológicas que serían capaces de provocar el suceso. Ninguna. Esa fue la primera fuerza que le vino a la cabeza cuando lo vislumbró por primera vez. Al ver el nuevo robot volador, G4587DOS, o como él lo apodó “Dédalos” en honor al aprendiz a piloto que se estrelló durante su vuelo inaugural, sintió que ahora conseguirían algo más de información sin tener que arriesgar el pellejo.

Tres hélices sobre un cabezal giratorio que parecían como margaritas encima de una bola de níquel, servían para estabilizar el robot mientras vuela sobre cualquier cosa, en cualquier dirección, y de cualquier tamaño. Las cuatro patas inferiores, no sólo eran para aterrizar, sino que también albergaban cuatro diminutas cámaras que se manejaban con la ayuda de un control remoto independiente. Con este chisme aprenderemos algo más. –Afirmó Sergio y el resto del equipo asintió-.

- Veamos lo que puede hacer. –Dijo Alfredo-.

El operador, un joven friki de las fuerzas aéreas, se embutió en un traje de látex de color marrón, rodeado por cables, cablecitos y antenas. Le cubrieron la cabeza con un casco que más bien parecía una pecera redonda con nervios de fibra óptica, y cuando la encendieron, seis pantallas virtuales aparecieron frente a él. Dos ojos en la esfera principal, uno con infrarrojos y otro con sensor de movimiento extrasensorial, retransmitían las imágenes que aparecían en el centro mientras lo que se registraba en el resto de cámaras se veía por los lados.

- Estoy listo señor. –Dijo el friki-.

Alfredo le miró con asombro y mantuvo la compostura para no reírse. Estiró el cuello hacia atrás, como un gallo cuando está a punto de cacarear, y con tono serio y conciso se dirigió al muchacho.

- ¡Adelante!

El aparato despegó como una bala que se la llevaba el demonio y un zumbido ensordeció a los presentes. Suena como si hubiéramos soltado un millón de abejas de golpe y porrazo. –Dijo Marián-. Menos mal que con gran rapidez y precisión el ingenioso artefacto se dirigió al lugar donde se le había caído la cámara a Alfredo y que, misteriosamente, aún permanecía suspendida en el aire.

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Acerca de alexandercopperwhite

Nací el 6 de Marzo de 1980 en Alcalá de Henares, Madrid. De padre griego y madre española, cuando cumplí los cuatro años nos mudamos a una isla llamada Corfú, en el noroeste de Grecia, donde me quedé hasta los diecinueve años. Durante esos años viajé a Alemania, Portugal, Reino Unido, Francia, Italia y Austria donde, en este último, me quedé seis meses, estudiando el idioma y trabajando. Más tarde, también viajé a Brasil, Marruecos, Hungría, Irlanda, Holanda, Bélgica y Luxemburgo. A los veintiún años me instalé en Las Torres de Cotillas de la región de Murcia, España, donde actualmente vivo. Mi pasión por la escritura, despertó el día que regresé a mi tierra materna. Considero que mi mayor logro es mi familia (aunque suene a tópico) y espero que paulatinamente consiga entrar en casa de todos gracias a mis relatos.
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