Recuerdos de un Edén muerto – Capítulo VI
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VI

La noche, oscura y desafiante, había encogido los corazones y las mentes de los científicos, los militares, los políticos, los cocineros, e incluso de los que aún no tenían ni idea de lo que pasaba. Ignorancia bendita. –Pensaba Alfredo mientras repasaba sus apuntes y los comentaba con sus colegas-. Las hojas escritas a bolígrafo azul, repasadas con rojo, repintadas con lápiz, subrayadas con rotulador amarillo fosforito y arrugadas como trapos viejos, volteaban la mesa de plástico y pasaban de mano en mano sin parar. Unos se rascaban las perillas, otras se rascaban la nariz, los más cochinos los sobacos, y las más despistadas se mordían las uñas. Una jaula de orangutanes, eso es lo que somos ahora mismo. –Pensó Marián-. Lo cierto es que su comportamiento se asemejaba bastante a un primate intentando descubrir la función de una piedra. Básica, pero misteriosa.

- ¿Qué es esa cosa entonces? –Preguntó Alfredo desafiante-.

Nadie se atrevió a contestar. Nadie se atrevía a suponer o a conjeturar. Nadie quería despuntarse y tragarse el marrón de un colosal error. El gas de las lámparas que iluminaban los alrededores se desgastaba lentamente sin que nadie notase su incesante parpadeo cuando una tras otra se apagaban. Los pensamientos eran profundos, la intriga aún mayor; el desconcierto creciente y el miedo, que les atravesaba el cuerpo como agujas quemadas, auscultaba sus conciencias hasta transformar cualquier forma de pensamiento en pesadillas.

- Debemos marcharnos de aquí. –Musitó uno de los científicos-.

Silencio por todas partes…

- Todo aquel que quiera marcharse es libre de hacerlo. –Reaccionó Alfredo-. Pero que dé la cara, de lo contrario será mejor que se calle.

Marián le cogió del hombro y le susurró al oído.

- Tranquilízate. Es normal que tengan miedo.

Alfredo cerró los ojos y se apoyó sobre la mesa con los dos brazos, dejando caer su peso hacia adelante para estirar sus músculos y así quizás relajarse.

- Lo lamento. –Añadió-. Entiendo como os sentís; incluso sé que algunos prefieren estar con sus familias en vez de aquí. Y no les culpo por ello. Lo que he dicho antes va en serio y nadie será tildado de cobarde si decide marcharse; pero debéis tener en cuenta que ahora mismo toda ayuda es poca. Eso es todo… podéis retiraros a vuestras tiendas y quien no se presente mañana, sencillamente se le echará de menos.

Los científicos recogieron sus papeles y salieron avergonzados, los militares observaban impotentes, y Marián permaneció al lado de Alfredo.

- ¿Te encuentras bien?

- Sí, no te preocupes. Si exceptuamos que casi me estrello en ese agujero y que me he manchado los calzoncillos; por lo demás me encuentro bien.

- ¿Y estarías dispuesto a venir conmigo y visitar a alguien? –Dijo con tono misterioso Marián-.

- Me alagas pero…

- No, en serio. Conozco a alguien que tiene una teoría sobre el suceso. Es disparatada, pero al menos es una teoría.

- Cualquier cosa me vale. –Contestó Alfredo-.

- Pues acompáñame.

alexandercopperwhite

Acerca de alexandercopperwhite

Nací el 6 de Marzo de 1980 en Alcalá de Henares, Madrid. De padre griego y madre española, cuando cumplí los cuatro años nos mudamos a una isla llamada Corfú, en el noroeste de Grecia, donde me quedé hasta los diecinueve años. Durante esos años viajé a Alemania, Portugal, Reino Unido, Francia, Italia y Austria donde, en este último, me quedé seis meses, estudiando el idioma y trabajando. Más tarde, también viajé a Brasil, Marruecos, Hungría, Irlanda, Holanda, Bélgica y Luxemburgo. A los veintiún años me instalé en Las Torres de Cotillas de la región de Murcia, España, donde actualmente vivo. Mi pasión por la escritura, despertó el día que regresé a mi tierra materna. Considero que mi mayor logro es mi familia (aunque suene a tópico) y espero que paulatinamente consiga entrar en casa de todos gracias a mis relatos.
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Una respuesta a Recuerdos de un Edén muerto – Capítulo VI

  1. Sí, mejor les acompaño para conocer de primera mano esa teoría disparatada. Continúo.